miércoles, 12 de mayo de 2010

El escritor

El escritor es el mas apagado, callado, siempre en silencio, siempre fumando, fumando, fumando Le sale humo de los poros, respira un aire viciado. Así como estoy ahora, oscuro, mal alimentado, mal dormido, con los ojos rojos como dos brasas en invierno, con las manos heladas, peor que Kafka, ni siquiera podría parecerme a un escarabajo, a veces sueño que soy un escarabajo pero ahora me parezco mas a un gusano frío, blando y blanco, con patas muy cortas, a la rastra, en el piso, mas aun en las entrañas húmedas de la tierra, dando asco, un gusano con cabeza dura y fea y chica
Y de fondo se escucha alguna vieja canción en ingles que principalmente habla de una mujer que se fue, por mas que no se entienda, en la canción una mujer se va dando un estruendoso portazo y todo tiene un olor a viejo a libros muy manoseados, a café prácticamente amargo y frío y la oscuridad es absorbente, tanto que empieza a ser blanca o violeta y los colores se mezclan para transformarse todo en un teatro color sepia
Por eso me aterra la idea de los escritores con callos en los dedos de tanto escribir, de tanto llorar con los dedos, de comer con los dedos, de hablar con los dedos, hay que inventar el amor y el escritor juega ese sanguinario juego de inventar algo que no toca, algo que escuchó en la calle, en un viejo bar de la esquina, mientras las comadronas barrían las veredas, el oscuro escritor escucho que un hombre regalaba rosas, o cantaba serenatas y fumando un cigarrillo se adueñó de esa escena, grotescamente la hizo propia como la muerte de un vecino al que detesta porque toca el piano hasta muy tarde y no lo deja pensar en sus ideas oscuras o no lo deja escuchar su música que ahora es un jazz de mediados del siglo pasado, entonces le inventa una muerte atroz y se frota los dedos de su catástrofe malintencionada y se convierte mas aun en un hongo o en una pelusa escondida atrás de una pila de diarios viejos en un sótano.
Y el humo cada vez aumenta y ya no se puede respirar, y sigue el jazz, siguen los diarios y los libros y las cenizas y los poros y los ojos cada vez mas rojos brillando una luz rojiza, sigue el escritor con aliento a parisienes añejos, a vino de muy mala calida, sigue sentado pudriéndose en su silla como un árbol que nadie nunca regará…

7 comentarios:

  1. Ay, no, Miguelito mío: escribir de amor sin vivirlo para mí sería tremendamente feo.
    Ni Dios lo quiera, jajaja.

    Mucha luz, cariñito.

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  2. Me hiciste acordar a esto que escribió Abelardo Castillo:

    "
    La literatura está cargada de fatalidad y de tristeza. ¿Por qué? La vida no es siempre fea. Lo que pasa es que, en el fondo, la literatura es un conjuro contra la infelici dad y la desdicha. La gente quiere ser feliz. Pero la feli cidad no hay que escribirla: hay que vivirla. O por lo menos intentar vivirla. En la literatura se pone el deseo, la nostalgia, la ausencia, lo que se ha perdido o no se quiere perder. (...)"

    Es muy triste escribir sobre el amor, sin haberlo conocido. Por suerte tenemos la escritura, entonces. Sino reventaríamos. Pobre Gregorio.

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  3. Paseando por el Neuf, con aroma de "Rayuela", Davis en la melodía y mordiendo un lápiz...
    Besos,

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  4. Que buena buena descirpción, Mig. No sé si leiste "El escritor y sus fantasmas" (de Sábato), pero creo que si él hubiese tenido este texto a mano por entonces, lo anexaba. En mi blog de cuentos el otro día publiqué uno llamado "Poeta" que habla justamente sobre esto, aunque le da una vuelta surrealista. Es un diálogo breve, te invito a leerlo si querés.
    Muy bueno, che. Muy cierto.

    Cariños!

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  5. Me gustó mucho.

    Esta parte: "Por eso me aterra la idea de los escritores con callos en los dedos de tanto escribir, de tanto llorar con los dedos, de comer con los dedos, de hablar con los dedos..."
    Me hizo acordar a Girondo, no sé por qué...

    Muy bueno.

    Un abrazo!

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  6. ¡A mí me gusta cuando habla porque está presente!

    Mmmmuá.

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